TikTok ha revisado sus normas sobre…

TikTok ha revisado sus normas sobre incitación al odio y ha concluido prohibir a los usuarios llamar "terroristas" a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) y ha limitado su política sobre denuncias sobre supremacía, que ahora abarca "toda supremacía racial" pero solo "supremacía blanca". Nada de denunciar el Supremacismo Judío.

El cambio se produjo tan solo 15 días después de que la compañía contratara a Erica Mindel, exinstructora de las FDI y autodenominada "sionista orgullosa", como su Gerente de Políticas Públicas para la Incitación al Odio.

Es curioso cómo los políticos de Washington D. C. no se ponen de acuerdo sobre cómo arreglar la sanidad, la vivienda o la deuda interminable, pero en cuanto la imagen de Israel se resiente, de repente se convierten en un equipo bipartidista de ensueño.

La censura disfrazada de "lucha contra el antisemitismo" o "freno al odio" es solo una forma de silenciar la disidencia.

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A modo de Manifiesto

Quienes somos. Que anhelamos...

Manifiesto

En el mundo moderno, la vigilancia masiva ya no es la excepción, sino la norma. Desde que Edward Snowden reveló en 2013 lo que muchos sospechábamos, sabemos con total seguridad que Estados y corporaciones globalistas nos observan constantemente. Algoritmos invisibles catalogan cada clic, cada búsqueda, cada conversación digital. Lo hacen por dinero, por control, por poder. La vigilancia gubernamental es ya casi absoluta; la casta globalista nos atenaza por todas partes. No les basta ya con querer empobrecernos económicamente, sino que estarían activando un plan paralelo de suprimir por completo cualquier opinión disidente. Inmersos como estamos en un modelo de vigilancia masiva, estamos poco a poco transicionando hacia un modelo mucho peor: un modelo de ESPIONAJE MASIVO, el cual sería más invasivo, más agresivo y criminal, del que la mayoría de usuarios ni cuenta se dará.

Ante dicha emergencia, consideramos que el intercambio de información, la autonomía de nuestras comunicaciones y nuestras transacciones no son ideales abstractos, sino herramientas concretas y legítimas necesarias para un mundo más justo y libre. La vigilancia masiva no debería ser un problema que cada quien deba resolver en soledad, sino un desafío político que nos incumbe a todos. Esto significa aprender juntos: compartir conocimiento sobre encriptación, sobre protocolos descentralizados, sobre autocustodia, sobre autonomía tecnológica. Pero también significa algo más profundo: articular una posición clara contra el uso de la tecnología como instrumento de dominación. No basta con saber usar las herramientas; hay que entender por qué las usamos y contra qué luchamos.

Nos negamos a normalizar el control, la vigilancia y el espionaje masivo. Estos no constituyen un progreso tecnológico, sino arquitecturas de dominación al servicio de ciertas estructuras políticas globales que están poniendo en marcha la supresión de la libre expresión y la libertad de prensa en internet. La humanidad necesita un mercado alternativo, un protocolo que permita desligarnos paulatinamente de esa banca usurera capaz de destruir financieramente a quien se oponga a sus planes, y de esas corporaciones que quieren aplastar la libertad de expresión. En este contexto es que necesitamos entender y utilizar nuevas herramientas descentralizadas, cifradas, libres y cooperativas.